
Manuel Rivero de la Calle: memoria viva de la antropología cubana en su centenario. El centenario del nacimiento de Manuel Rivero de la Calle (Esmeralda, Camagüey, 1926 – La Habana, 2001) constituye una oportunidad privilegiada para revisitar no solo su obra, sino también la dimensión humana e intelectual de una figura central en la consolidación de la Antropología y la Arqueología en Cuba.
Por: Odlanyer Hernandez-de-Lara.
Formado en la Universidad de La Habana, donde defendió en 1949 su tesis “Deformación craneana en los aborígenes de Cuba. Estudio comparativo”, Rivero de la Calle evidenció desde temprano una vocación científica excepcional. Según Rangel1, su inclinación por la investigación se manifestó desde la infancia, al realizar disecciones anatómicas y exploraciones que anticiparon su futura dedicación a la antropología física y la arqueología. A los 17 años participa en trabajos de campo junto a figuras como Felipe Pichardo Moya. Otros maestros como René Herrera Fritot y José María García Robiou contribuyeron también a su formación (Figura 1).

Su trayectoria académica estuvo estrechamente vinculada a la docencia y a la institucionalización de la disciplina. Fue profesor en diversas instituciones y uno de los fundadores del Departamento de Antropología de la Universidad Central de Las Villas, antes de asumir un papel decisivo en la reorganización de la enseñanza antropológica en la Universidad de La Habana con posterioridad a 1959. Desde 1962, proyectó programas que integraban investigación, docencia y preservación del patrimonio, contribuyendo de manera sustantiva a la formación de varias generaciones de especialistas.2
Entre sus contribuciones más relevantes destacan obras como Las Culturas Aborígenes de Cuba (1966) y Nociones de Anatomía Humana Aplicadas a la Arqueología (1985), así como Arqueología Aborigen de Cuba (1988) y Art and Archaeology of Pre-Columbian Cuba (1996), estas dos últimas en coautoría con Ramón Dacal Moure. A ello se suman publicaciones académicas especializadas como “Calvaria cubana precolombina en el Museo Británico” (1967), “Estudio antropológico de dos momias de la cultura Paracas” (1975) y “Estudio comparativo y localización del hacha de Cueva Ponce” (1985), donde se evidencia su capacidad para articular el análisis osteológico, la cultura material y la reflexión histórica en marcos interpretativos de amplio alcance.
Su vínculo con la historia de la disciplina fue igualmente significativo. Investigó con particular interés las trayectorias de figuras como Luis Montané y Manuel Almagro de la Vega, contribuyendo a reconstruir la genealogía de la antropología cubana desde una perspectiva crítica y documentada (Rangel 2008). Esta preocupación por la memoria científica dialoga con su propia práctica, en la que el pasado se concebía como un campo activo de interrogación.
La revista Cuba Arqueológica ha contribuido a preservar y difundir este legado. En sus páginas puede consultarse un artículo de su autoría junto a Santiago Silva sobre la documentación de impresiones de uñas en tiestos cerámicos3 que da cuenta de su enfoque analítico y su rigurosidad metodológica. Asimismo aparece, en la propia revista, un estudio sobre su vida y obra escrito por Armando Rangel Rivero, uno de sus biógrafos más comprometidos,2 donde se profundiza en su trayectoria intelectual y su impacto en la antropología cubana contemporánea.
Más allá de su producción escrita, quienes lo conocieron coinciden en destacar su vocación pedagógica y su compromiso con la transmisión del conocimiento. Fue, en palabras de sus colegas, un maestro en el sentido más pleno: exigente, generoso y profundamente apasionado por la ciencia. Haberlo conocido personalmente en 1998, durante el Taller Nacional de Arqueología celebrado en Santa Clara, resultó una experiencia formativa personal y colectiva (Figura 2). Su vida cotidiana, marcada por el trabajo constante, las tertulias académicas y la escritura incansable, refleja una ética intelectual que hoy resulta particularmente relevante.1

A cien años de su nacimiento, la figura de Manuel Rivero de la Calle permanece como un referente indispensable. Su legado no solo se inscribe en la historia de la antropología en Cuba, sino que continúa interpelando a las nuevas generaciones a pensar críticamente el pasado, a preservar el patrimonio y a ejercer la ciencia con rigor y responsabilidad.
Este centenario, más que un acto de memoria, es una invitación a la continuidad de su pensamiento.
Referencias
- Rangel, A. (2008). “Manuel Rivero de la Calle en la historia de la antropología en Cuba”, Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana. Dirección de Patrimonio, http://www.ohch.cu/noticias/info.php?id_noticia=20080110172128&cat=noticias ↩︎
- Rangel, A. (2011). “La documentación del Dr. Manuel Rivero de la Calle en el Museo Antropológico Montané y la Universidad de La Habana”, Cuba Arqueológica 11(1): 36-43 ↩︎
- Rivero de la Calle, M. y S. Silva Garcia (2008). “Hallazgo de impresiones de uñas humanas en un fragmento de cerámica aborigen de Cuba”, Cuba Arqueológica 1(1): 23-24 ↩︎
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