
Silvia Teresita Angelbello Izquierdo (1948-2026), una vida dedicada a la arqueología y al patrimonio de Trinidad. La arqueología cubana ha perdido a una de las figuras que contribuyeron, desde Trinidad y el Valle de los Ingenios, a construir una manera particular de entender, investigar y preservar el patrimonio arqueológico e histórico de Cuba. El 6 de agosto de 2026 falleció Silvia Teresita Angelbello Izquierdo, arqueóloga, investigadora, museóloga y escritora, cuya trayectoria estuvo indisolublemente ligada a Trinidad, a su historia y a la protección de su extraordinario patrimonio.
Por Odlanyer Hernández de Lara
Nacida el 14 de abril de 1948, Angelbello Izquierdo perteneció a una generación fundamental para el desarrollo de la arqueología histórica cubana. Graduada de Dibujo y Pintura en la Academia San Alejandro en 1969 y, luego como Licenciada en Letras por la Universidad Central de Las Villas en 1980, su formación fue complementada posteriormente con estudios de museología, paleografía, restauración y conservación arquitectónica, historia colonial y arqueología, contribuyendo a conformar una mirada interdisciplinaria que caracterizaría toda su obra.
Su relación con la arqueología comenzó tempranamente. En 1971, cuando se iniciaron las investigaciones arqueológicas en el Valle de los Ingenios, participó junto a Alfredo Rankin y Víctor Echenagusía en los trabajos realizados en el ingenio Guáimaro. Aquellas investigaciones formaron parte de los primeros esfuerzos sistemáticos por estudiar arqueológicamente uno de los paisajes históricos más importantes de Cuba.
Entre sus investigaciones arqueológicas destaca el estudio del sitio Birama, en Trinidad, donde documentó evidencias de ocupación aborigen y contribuyó al conocimiento de la arqueología de la región centro-sur de Cuba. Su nombre aparece también asociado a investigaciones sobre arquitectura y arqueología del ingenio San Isidro de los Destiladeros, donde su conocimiento fue incorporado a la interpretación de los hallazgos arqueológicos y de las estructuras productivas del antiguo complejo azucarero.

Pero quizá uno de sus mayores legados fue comprender que la arqueología no podía permanecer separada de la conservación del patrimonio construido. Su trayectoria estuvo estrechamente vinculada a la restauración del centro histórico de Trinidad y a la creación de instituciones que serían fundamentales para la protección y divulgación de su patrimonio. Fue fundadora de los Museos Romántico y de Arquitectura y posteriormente directora del Museo de Arqueología Guamuhaya.
Su producción escrita refleja esa amplitud de intereses. Entre sus trabajos se encuentra Trinidad precolombina y colonial, publicado junto a Bárbara Venegas Arboláez en 2008, así como numerosos estudios y artículos dedicados a la historia y arqueología trinitarias.
También abordó uno de los problemas fundamentales para comprender el paisaje histórico del Valle de los Ingenios: la esclavitud y sus expresiones materiales. En 2012 publicó junto a Lisette Roura Álvarez Vivienda esclava rural en Cuba: bohíos y barracones, una contribución importante al estudio de los espacios habitacionales de las personas esclavizadas y de la materialidad de las plantaciones cubanas.
A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos. Fue distinguida con la Distinción Raúl Gómez García, la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Único de las Artes de Trinidad. Fue declarada Hija Ilustre de Trinidad y recibió el Premio por la Obra de la Vida de la Comisión Nacional de Patrimonio. En 2024, el Festival de la Canchánchara reconoció nuevamente su trayectoria como arqueóloga, investigadora y escritora, destacando su contribución a la restauración del centro histórico y a la preservación del patrimonio trinitario.
Para la historia de la arqueología cubana, Silvia Teresita Angelbello Izquierdo representa una generación de investigadores que construyeron la disciplina en condiciones muy diferentes de las actuales. Su trabajo demuestra que la arqueología cubana se desarrolló no solamente a través de excavaciones y publicaciones científicas, sino también mediante la creación de instituciones, la protección de colecciones, la restauración de edificios, la investigación histórica y la divulgación del patrimonio.
Su partida deja, por tanto, una ausencia difícil de llenar. Pero deja también una obra que permanece sobre todo en la memoria de quienes encontraron en ella una colega, una maestra y una defensora incansable del patrimonio trinitario. Desde Cuba Arqueológica rendimos homenaje a su memoria y expresamos nuestras condolencias a sus familiares, colegas, amigos y a toda la comunidad patrimonial y arqueológica cubana.
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